martes, 01 de julio de 2008
Ayer tuve endocrino y, la verdad, es que fue menos traumático de lo que en un principio esperaba. Estoy con el mismo peso que al principio del embarazo de Adrián. Que teniendo en cuenta la de reposo que he tenido que guardar y los desarreglos alimenticios por la ansiedad y la falta de tiempo, no está del todo mal.

Dado que el peso es razonable y los análisis están perfectos, hasta noviembre no regresaré. Y, posiblemente, regresé para otra tanda de Optifast. La primera vez me fue muy bien y espero que está también. Es un empujoncito que vendrá muy bien para mi gran misión: "CAMBIAR".

No es que odie como soy, esa etapa pasó hace tiempo. Pero hay muchas cosas cambiables y otras mejorables. Y ese es mi propósito actual. Ya no sólo para mi felicidad, si no para la de los demás, especialmente mi marido y mis hijos. Creo que una buena terapia frente a los dolores y la impotencia es fomentar lo bueno y mejorar lo malo.

Lo primero, mi actividad casi nula (sin contar la de los niños, claro). Voy a procurar enriquecerme con actividades dentro de mis posibilidades físicas y económicas.

Deseo volver a hacer mis miniaturas, que tanto me enorgullecían y mantenían ágiles mis torpes manos. Voy a procurar actualizar todas las semanas mis blogs y webs. También quiero actividad física, pero esa tendrá que esperar a que tenga mejor el esguince... sí, sí, tengo un esguince en el pie izquierdo.

Andaba pululando por casa mientras los niños dormían, cuando de pronto la rodilla izquierda "desapareció". Con el consiguiente tropiezo que me llevó a torcerme el pie, caer sobre la despensa e intentando mantenerla en su sitio para que no me cayera encima, ale, esguince en el pie. Imaginaos el panorama... tirada en el suelo, con el pie retorcido e intentando sostener una despensa que pesa una tonelada. Llorando a mares, y no tanto por el dolor como por la impotencia por ser tan "torpe" y la preocupación de que mis hijos estaban al lado y si les pasaba algo yo no podía levantarme del suelo.

Al final vinieron al rescate mi madre y mi marido (es lo que tiene llevar colgado el movil al cuello, por experiencias anteriores). En el clínico radiografías, caras raras y al final sólo un esguince, que "lloviendo sobre mojado" aún hoy, 3 semanas después, duele una barbaridad...

Pero bueno, creo que es uno de los "empujones" que me ha llevado a querer cambiar.

De momento empezaré poco a poco y despacito espero llegar lejos.

Deseadme suerte.
Lo escribió Pandorina @ 12:49
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martes, 20 de mayo de 2008

El 30 de abril, a las 02:30 nació mi segundo hijo, Adrián...

El embarazo había sido duro y muy cansado, nada que ver con el de Alejandro. Pero el día 29, en la visita a la tocóloga, ya estaba agotada. Lleva varios días con contracciones rítmicas y con muchos dolores. Así que la tocóloga me dijo que si esa misma tarde volvían las contracciones, me fuera directita al clínico.

Y así fue. Esa misma tarde volvieron las contracciones rítmicas y los dolores en la cesarea anterior. Después de dar de cenar a Alejandro, lo llevamos con mis padres y nos fuimos al clínico, sin prisa, pero sin perder tiempo. Mi marido y yo ibamos tranquilos, al menos yo jejeje En la sala de espera, como no, nos tocó esperar...

A esos de las 22:30 me hicieron pasar y me hicieron la típica exploración a un embarazada: ecografía para ver que bebé, placenta y líquido estan bien; tacto vaginal para comprobar si había borramiento y/o dilatación; toma de tensión, curiosamente baja y la prueba de la orina.

La ecografía perfecta, dilatación y borramiento nulos y sin proteína en la orina. Así que me pasan a monitores a eso de las 23:00.

En monitores, en principio, te tienen una hora para comprobar si las contracciones son rítmicas y contínuas. A mi me tuvieron 3 horicas... Al principio, al ver que persistían y eran regulares, me dijeron de mantenerme ingresada para tenerme controlada y una de las doctora se fue a formalizar el ingreso, mientras la otra me hacía firmar los papeles de la epidural y de una posible cesárea. Eso fue a las 00:00-00:30.

En ese momento llegó una embarazada a la que el hospital (personal y pacientes) apodamos como "la pavarotti". No tanto porque gritara mucho, como por su histriónica forma de hacerlo... Aún así, ella se "agenció" a todo el personal. Una enfermera, muy salada ella, dejó pasar a mi marido a pesar de que por norma sólo se deja pasar cuando se está ya pariendo...

Cuando por fin la pavarotti liberó a algo de personal, mis contracciones eran cada menos tiempo, 2 minutos para ser exactos. Pero eso no era lo que me preocupaba, si no que me doliera más la cesárea previa que las contracciones. Y así se lo comenté a la doctora, e inmediatamente salió de la habitación y esta se lleno al instante con una legión de enfermeras, matronas y un enfermero. Se precisaba una cesárea de urgencia.

Me rasuraron la zona de la cesárea anterior, me desvistieron, me pusieron el gotero, la sonda de la orina y empecé a asustarme porque todo iba con demasiada rapidez... Y le ví la carita de susto de mi marido... pobrecillo...

Rápidamente me llevaron hasta quirófanos en una estrecha camilla, sólo cubierta por una fina sábana... El camino lo conocía de la cesárea de Alejandro, pero aún así me parecía desconocida. Ya en quirófano, las cosas empezaron a no ser muy buenas... Para empezar, el equipo de médicos y el de enfermeras-matronas, estaban cabreados y no paraban de discutir. Porque por lo visto los primero consideraban que en el momento que entre al hospital, me tenían que haber preparado para quirófano. Mientras que las segundas junto a las doctoras de la revisión, no lo consideraban como algo urgente.

El anestesista empezó a ponerme la epidural... conseguí sentarme como pude en la camilla y con la ayuda de un enfermero y sus indicaciones, conseguí mantenerme en la incómoda posición requerida. Esta vez ya sólo el pinchazo no fue como la anterior vez. En la anterior apenas ni me entere, en esta sí. Mientras que en la anterior se me adormilaron las piernas enseguida, en esta no. De hecho, durante todo el proceso de la intervención, yo podía mover las piernas. En la anterior no noté nada de dolor, en esta SÍ.

Jamás había temblado tanto, tan fuerte y tanto tiempo. Y creo que es de las pocas veces que he sentido verdadero miedo... Miedo cuando me pusieron la mascarilla de oxígeno... Miedo cuando me dolía tanto la zona de la vagina, seguramente porque se me clavaba la sonda de la orina... Miedo cuando dije que lo notaba todo y sentía dolor y hubo revuelo en quirófano... Miedo cuando me quisieron poner análgesico intravenoso y el dolor del pecho se hizo insoportable... Miedo cuando empece a notar que me iba... Miedo cuando sonaba el pitidito de las constantes de maneras abruptas... Miedo cuando murmuraban entre ellos diciendose que tenian que darse prisa... Miedo cuando decían que faltaban gasas... Miedo cuando salió Adrián y no lloraba...

Estuve murmurando entre dientes, cuando la tiritona me lo permitía: "te quiero Lucas, te quiero mi Alejandro, te quiero mi bebé" Sólo podía pensar en mis niños y en que no quería dejarlos. A punto estuve de decirselo a la enfermera, porque, realmente, no fue la mejor experiencia de mi vida.

En comparación con la cesárea de Alejandro, todo estaba yendo a trompicones. Estaba sintiendo dolores que no debía, y estaban saliendo las cosas algo regulares. Además que el equipo médico de esta vez, estaba tan enfrascada en ver quien tenía razón, que se olvidaron de que yo estaba allí...

Para remate y para que durante mucho tiempo no me olvidara de ellos, quien me puso las grapas se lució... Según palabras textuales de una de las enfermeras que días después me hizo la cura, "quien te hizo eso tendría que haberse grapado en los huevos". De hecho, varias grapas se me cayeron durante la estancia en el propio hospital. Y mientras que en la anterior cesárea la cicatriz era imperceptible, ahora es como tocar a Frankestein...

Pero cuando ya estaba desesperada y muerta de miedo, oí llorar a un bebé y me enseñaron la carita de un angelito... A Alejandro sólo me dejaron darle un besito, pero debe ser que me vieron tan mal que me dejaron acariciarlo un buen rato...

Puede que esta vez no se me olvidara todo, todo al verle la carita. Pero me hizo sentir que merecía la pena lo que estab sufriendo. Adrián es una preciosidad y muy bueno, parece mentira que viniera como vino...

Ahora, a ver si quien me dijo que como era cesarea lo tenía chupado, me lo vuelve a decir...


Lo escribió Pandorina @ 16:16  | Mi diario
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miércoles, 23 de abril de 2008
La verdad es que llevo mucho tiempo pensando en escribir, pero entre el reposo y que no estoy muy allá... pues acabo dejándolo pasar...

Este viernes cumplo 38 semanas de embarazo. Mi segundo hijo, pero más nerviosa y machacaeta que con el primero... Es que encima la primavera viene revoltosa, que es lo que más le gusta a mi querida fibro. Así que imaginaros un embarazo de riesgo con dolores propios de embarazada, unido a unos maravillosos, persistentes y escandalosos dolores de fibromialgia... Vamos, que estoy que no estoy...

El gran, gran consuelo, es que mi bebé crece sano y bien, y que dentro de nada tendré su cuerpecito suavito entre mis brazos. Ojalá los dolores de la fibromialgia te dieran luego tan buena "recompensa"...

Todo el mundo si no me lo ha dicho, sé que piensan que estoy loca. Ya creo que lo pensaron cuando me quedé embarazada por primera vez, pero con este segundo embarazo creo que se reiteran en ello. Pero lo dije cuando me diagnosticaron el Lupus y después con la Fibromialgia... no detendrán mi vida, ni borraran mis sueños más allá de lo posible.

Tuve que dejar los estudios y frustrar mi sueño de ser una mujer independiente, pero algo que no estaba dispuesta a dejar arrebatar era mi sueño de ser mamá. Puede que no sea capaz de correr por el campo con mis hijos, o que no pueda llevarlos a caballito,... pero aunque me duela el alma al hacerlo, les achucharé, cogeré y jugaré con ellos todo lo que pueda y más.

Mi marido dice que soy una campeona por ello, yo le digo que no, que sólo soy una madre...
Lo escribió Pandorina @ 14:06  | Mi diario
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martes, 18 de diciembre de 2007
Mucho tiempo ha pasado desde la última vez. Y muchas cosas han cambiado y otras no lo suficiente...

Después de mi superdieta y llegar a perder casi 20 kilos, me he quedado embarazada. Puede que no en el mejor de los momentos, pero si es un hijo querido.

Ahora sé que puedo ganarle la partida a la obesidad, así que no me he tomado muy a la tremenda haber engordado un par de kilos en estas 19 semanas de embarazo. Más aún cuando ando más preocupada por los dolores que estoy teniendo en el embarazo y el hecho de haber sangrado.

No es grave y me han dicho que los dolores serán hasta el final del embarazo, pero después del embarazo tan bueno de Alejandro y que ya llevo dolores de por sí, pues se hace más pesado de llevar. Además debe guardar reposo, cosa díficl teniendo un peque de 2 años, que es pura vitalidad.

Tampoco debo viajar, lo que crea conflictos con mis suegros y sé que se le hace duro a mi marido, lo que me crea un fuerte sentimiento de culpabilidad.

Mi gran enemiga, para rematar, ha decidido no darme tregua alguna. Ni descanso ni relajo, pues debe ser que no lo merezco. Así que a mis dolores de siempre, se juntan los nuevos del embarazo y se duplican los viejos para hacerse notar. Y a la culpabilidad de siempre por los problemas que acarrea mi salud, se le añaden otros cuantos motivos para darles tema de conversación.

Llega Navidad y estoy entre ansiosa, feliz y angustiada. Lloro con todas las películas, aunque sean comedias. Los anuncios debo verlos con cuidado, pues el grifo se abre en cualquier momento. Un mal gesto, una palabra menos dulce y ya creo que el mundo se hunde bajo mis pies.

Soy consciente que mis hormonas y mi momento actual juegan en mi contra en el campo emocional... Racionalmente se que es ilógico... Pero no puedo evitarlo, no puedo dejar de llorar, dejar de tener pesadillas, dejar de sentirme inutil, dejar de sentir que sobro,...

Tal vez solo necesite que pase más tiempo...
Lo escribió Pandorina @ 14:40  | Mi diario
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lunes, 04 de junio de 2007
No sé ya cuantas dietas habré hecho a lo largo de mi vida. Nunca he sido muy comedora, pero la actividad y yo nos reñíamos mucho. Era más de quedarme en casa en mi habitación leyendo, escribiendo o viendo en la tele alguna película que me evadiera de mi misma. Y, confieso, cuando me entraban los bajones o la ansiedad, recurría a los atracones.

Ahora, con 26 años (casi 27), tengo que pagar justo castigo por mi mala cabeza. No llevo del todo mal esta dieta que me mandó el endocrino. Los batidos saben a rayos y reconozco tener la tentación de comerme un bocata de lo que sea, pero, de momento, lo llevo bien.

Mi ilusión es que ganándole la partida a los kilos también le gane un poco la partido a la fibromialgia. Porque si me siento más ligera, tal vez, me sienta más fuerte para luchar.

Empecé la dieta el 31 de mayo, pesando (según mi no muy fiable báscula) 128'8kgs (sí, lo sé, una barbaridad). Hoy, día 4 de junio, peso 124'8kgs.

Mi meta con esta dieta que llevare todo el mes, espero al menos conseguir bajar la dichosa cifra de los 120, y así empezar el mes que viene con la dieta normarl con una cifra como 118.

Además, después de esta dieta tan estricta, si consigo llevarla, podré con todo. Sobre todo, porque después de probar estos batidos, cualquier plato de judias verdes al vapor me sabran a pura gloria jajajaja

Deseadme suerte Guiño
Lo escribió Pandorina @ 12:12
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miércoles, 30 de mayo de 2007
Llegué a creer, tonta de mí, que dejando de pensar en ello tal vez, sólo tal vez, desaparecería.

Pero hoy, tras regresar del clínico para intentar vencer a mi otro gran demonio, me duele hasta el alma y resurge con furia mi silenciosa enemiga. Esa que nunca me deja, tan sólo me da pequeñas treguas, engañosos oasis de paz, para atacar con más ferocidad si cabe.

Mi otro gran demonio, la obesidad, no se quiere quedar atrás y me ha llevado a un punto de no retorno. O consigo ganarle la partida, aunque sea muy lentamente, o acaba conmigo rápidamente.

Hoy iba mentalizada para estar ingresada un mes, a base de batidos hipocalóricos y agua, para intentar darle un puntapié a la obesidad donde más le duele. Pero al final me toca hacerlo solita en casa. Sé que no voy a estar sola, pero también sé que sólo yo sé lo que es y soy yo la que tendré que luchar con la ansiedad. Ansiedad que no sólo ataca por la obesidad, si no que se agarrota en cada recobeco de mi cuerpo acrecentando la fuerza de mi enemiga.

Dos aliadas dispuestas a acabar conmigo. Y mi fortaleza, ya debilitada con el tiempo, no sabe cuanto resistirá.

Pensé, tonta de mi, que el tiempo todo lo curaba, que todo se olvidaba...
Lo escribió Pandorina @ 17:35  | Mi diario
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martes, 05 de septiembre de 2006
Hacía mucho tiempo que no escribía pero he estado, como la mayoría, de vacaciones. Aunque mis vacaciones no han sido las vacaciones que a mi me hubieses gustado tener. No porque no me haya podido ir con mi familia al Caribe o una casita rural. El problema es que para mí, las vacaciones perfectas hubiesen tenido que incluir dejar mi cuerpo colgado en el armario y disponer de otro sin dolores, sin insomnio, sin fatiga injustificada... Poder jugar con mi hijo más de 30 minutos sin sentir que me acaba de arrollar un camión y me impida coger en brazos a mi pequeño. Poder pasear por la playa de la mano de mi marido o irnos al parque a tomar el aire.

Creo que mientras podemos hacer esas pequeñas grandes cosas, no nos damos cuenta de su valor. Cuando llegan las vacaciones todo el mundo sueña con dejar de trabajar, irse a otro país, a otra ciudad, bañarse en el mar, hacer excursiones por el campo,... Yo lo que sueño es con despertar un día descansada, sabiendo que las horas de sueño han sido seguidas y reparadoras... Poder saltar de la cama con un brinco sin tener que esperar 2 horas y agarrarme a la pared para no caer... Poder preparles el desayuno a mis chicos y despertarlos con una sonrisa y un achuchón... Poder ir a la playa a pasear, a jugar, a darnos un baño y recoger conchas... Poder enseñar a mi hijo a andar cogiendole de sus pequeñas manos... Llevar a mi marido a conocer Valencia, los sitios que más me gustan... Pasar aunque sea un día entero sin dolor.. esas serían mis vacaciones perfectas. Pero mientras el dolor siga, mientras la fibro siga okupando un sitio que no es suyo, y que cada vez parece menos mío, hasta que no llegue ese día yo no tendré vacaciones.
Lo escribió Pandorina @ 16:48  | Mi diario
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