El 30 de abril, a las 02:30 nació mi segundo hijo, Adrián...
El embarazo había sido duro y muy cansado, nada que ver con el de Alejandro. Pero el día 29, en la visita a la tocóloga, ya estaba agotada. Lleva varios días con contracciones rítmicas y con muchos dolores. Así que la tocóloga me dijo que si esa misma tarde volvían las contracciones, me fuera directita al clínico.
Y así fue. Esa misma tarde volvieron las contracciones rítmicas y los dolores en la cesarea anterior. Después de dar de cenar a Alejandro, lo llevamos con mis padres y nos fuimos al clínico, sin prisa, pero sin perder tiempo. Mi marido y yo ibamos tranquilos, al menos yo jejeje En la sala de espera, como no, nos tocó esperar...
A esos de las 22:30 me hicieron pasar y me hicieron la típica exploración a un embarazada: ecografía para ver que bebé, placenta y líquido estan bien; tacto vaginal para comprobar si había borramiento y/o dilatación; toma de tensión, curiosamente baja y la prueba de la orina.
La ecografía perfecta, dilatación y borramiento nulos y sin proteína en la orina. Así que me pasan a monitores a eso de las 23:00.
En monitores, en principio, te tienen una hora para comprobar si las contracciones son rítmicas y contínuas. A mi me tuvieron 3 horicas... Al principio, al ver que persistían y eran regulares, me dijeron de mantenerme ingresada para tenerme controlada y una de las doctora se fue a formalizar el ingreso, mientras la otra me hacía firmar los papeles de la epidural y de una posible cesárea. Eso fue a las 00:00-00:30.
En ese momento llegó una embarazada a la que el hospital (personal y pacientes) apodamos como "la pavarotti". No tanto porque gritara mucho, como por su histriónica forma de hacerlo... Aún así, ella se "agenció" a todo el personal. Una enfermera, muy salada ella, dejó pasar a mi marido a pesar de que por norma sólo se deja pasar cuando se está ya pariendo...
Cuando por fin la pavarotti liberó a algo de personal, mis contracciones eran cada menos tiempo, 2 minutos para ser exactos. Pero eso no era lo que me preocupaba, si no que me doliera más la cesárea previa que las contracciones. Y así se lo comenté a la doctora, e inmediatamente salió de la habitación y esta se lleno al instante con una legión de enfermeras, matronas y un enfermero. Se precisaba una cesárea de urgencia.
Me rasuraron la zona de la cesárea anterior, me desvistieron, me pusieron el gotero, la sonda de la orina y empecé a asustarme porque todo iba con demasiada rapidez... Y le ví la carita de susto de mi marido... pobrecillo...
Rápidamente me llevaron hasta quirófanos en una estrecha camilla, sólo cubierta por una fina sábana... El camino lo conocía de la cesárea de Alejandro, pero aún así me parecía desconocida. Ya en quirófano, las cosas empezaron a no ser muy buenas... Para empezar, el equipo de médicos y el de enfermeras-matronas, estaban cabreados y no paraban de discutir. Porque por lo visto los primero consideraban que en el momento que entre al hospital, me tenían que haber preparado para quirófano. Mientras que las segundas junto a las doctoras de la revisión, no lo consideraban como algo urgente.
El anestesista empezó a ponerme la epidural... conseguí sentarme como pude en la camilla y con la ayuda de un enfermero y sus indicaciones, conseguí mantenerme en la incómoda posición requerida. Esta vez ya sólo el pinchazo no fue como la anterior vez. En la anterior apenas ni me entere, en esta sí. Mientras que en la anterior se me adormilaron las piernas enseguida, en esta no. De hecho, durante todo el proceso de la intervención, yo podía mover las piernas. En la anterior no noté nada de dolor, en esta SÍ.
Jamás había temblado tanto, tan fuerte y tanto tiempo. Y creo que es de las pocas veces que he sentido verdadero miedo... Miedo cuando me pusieron la mascarilla de oxígeno... Miedo cuando me dolía tanto la zona de la vagina, seguramente porque se me clavaba la sonda de la orina... Miedo cuando dije que lo notaba todo y sentía dolor y hubo revuelo en quirófano... Miedo cuando me quisieron poner análgesico intravenoso y el dolor del pecho se hizo insoportable... Miedo cuando empece a notar que me iba... Miedo cuando sonaba el pitidito de las constantes de maneras abruptas... Miedo cuando murmuraban entre ellos diciendose que tenian que darse prisa... Miedo cuando decían que faltaban gasas... Miedo cuando salió Adrián y no lloraba...
Estuve murmurando entre dientes, cuando la tiritona me lo permitía: "te quiero Lucas, te quiero mi Alejandro, te quiero mi bebé" Sólo podía pensar en mis niños y en que no quería dejarlos. A punto estuve de decirselo a la enfermera, porque, realmente, no fue la mejor experiencia de mi vida.
En comparación con la cesárea de Alejandro, todo estaba yendo a trompicones. Estaba sintiendo dolores que no debía, y estaban saliendo las cosas algo regulares. Además que el equipo médico de esta vez, estaba tan enfrascada en ver quien tenía razón, que se olvidaron de que yo estaba allí...
Para remate y para que durante mucho tiempo no me olvidara de ellos, quien me puso las grapas se lució... Según palabras textuales de una de las enfermeras que días después me hizo la cura, "quien te hizo eso tendría que haberse grapado en los huevos". De hecho, varias grapas se me cayeron durante la estancia en el propio hospital. Y mientras que en la anterior cesárea la cicatriz era imperceptible, ahora es como tocar a Frankestein...
Pero cuando ya estaba desesperada y muerta de miedo, oí llorar a un bebé y me enseñaron la carita de un angelito... A Alejandro sólo me dejaron darle un besito, pero debe ser que me vieron tan mal que me dejaron acariciarlo un buen rato...
Puede que esta vez no se me olvidara todo, todo al verle la carita. Pero me hizo sentir que merecía la pena lo que estab sufriendo. Adrián es una preciosidad y muy bueno, parece mentira que viniera como vino...
Ahora, a ver si quien me dijo que como era cesarea lo tenía chupado, me lo vuelve a decir...
