miércoles, 30 de mayo de 2007
Llegué a creer, tonta de mí, que dejando de pensar en ello tal vez, sólo tal vez, desaparecería.

Pero hoy, tras regresar del clínico para intentar vencer a mi otro gran demonio, me duele hasta el alma y resurge con furia mi silenciosa enemiga. Esa que nunca me deja, tan sólo me da pequeñas treguas, engañosos oasis de paz, para atacar con más ferocidad si cabe.

Mi otro gran demonio, la obesidad, no se quiere quedar atrás y me ha llevado a un punto de no retorno. O consigo ganarle la partida, aunque sea muy lentamente, o acaba conmigo rápidamente.

Hoy iba mentalizada para estar ingresada un mes, a base de batidos hipocalóricos y agua, para intentar darle un puntapié a la obesidad donde más le duele. Pero al final me toca hacerlo solita en casa. Sé que no voy a estar sola, pero también sé que sólo yo sé lo que es y soy yo la que tendré que luchar con la ansiedad. Ansiedad que no sólo ataca por la obesidad, si no que se agarrota en cada recobeco de mi cuerpo acrecentando la fuerza de mi enemiga.

Dos aliadas dispuestas a acabar conmigo. Y mi fortaleza, ya debilitada con el tiempo, no sabe cuanto resistirá.

Pensé, tonta de mi, que el tiempo todo lo curaba, que todo se olvidaba...
Lo escribió Pandorina @ 17:35  | Mi diario
Vuestros mensajes (0)  | Enviar
Vuestros mensajes